G. de 8 años es un niño de Alto Perú que no tiene DNI. Su hermano, I. de 11 años, tampoco tiene DNI.

Yo soy practicante de psicología en el Proyecto Alto Perú y desde hace un tiempo estamos coordinando con la mamá de los niños para que ambos puedan obtener su DNI y con ello asistir al colegio sin problemas, ser atendidos en hospitales, entre otras cosas.

Este jueves 21 de junio acudimos, los dos niños, su mamá, un compañero de trabajo del Proyecto y yo a la RENIEC de la Av. Diez Canseco 230, Miraflores. A continuación paso a narrar lo sucedido.

La mamá de los menores se acerca a la persona encargada y le dice que viene a sacar la partida de nacimiento de sus dos hijos. Le responden que tiene que pagar 13 soles. La mamá me mira, entonces yo le informo al señor que en la página Web de la RENIEC indican que la primera vez que se saca la partida es gratuita. Después de eso escuché por tres veces seguidas, « ¿es la primera vez que sacan la partida?» con una cara y tono de extrañeza, para luego decirnos que vayamos a las ventanillas del fondo. En ese lugar nos dieron el turno número 40.

Cuando llamaron al 40, la mamá y los dos menores se acercaron a la ventanilla, mi compañero y yo nos quedamos esperando en las sillas, pero muy atentos a lo que decían. De pronto la mamá voltea, me llama y me dice: «me han dicho que tengo que traer la constancia de estudios». Miré al funcionario que atendía en ventanilla y le dije que según la información que la propia RENIEC brinda se tiene que traer un certificado de nacido vivo o una constancia de estudios, no ambos documentos, es uno u otro, con la lógica de facilitar el proceso. La respuesta del funcionario fue la siguiente: «yo puedo evaluar y decidir si necesito más cosas de las que se indican en los requisitos». Le respondí que nosotros estábamos ahí siguiendo los requisitos señalados en la página web de la institución, y añadí que no tienen constancia de estudios justamente porque la falta de DNI les ha impedido inscribirse en el colegio y recibir otros servicios del Estado, a los que tienen derecho por ley.

Mi comentario fue comentado por él con su compañera del costado. Ella volteó y me dijo: «es imposible que no vayan al colegio; según el Ministerio de Educación todos los niños tienen que ir al colegio y es imposible que en este siglo eso no suceda, todos los niños de Lima van al colegio».

Yo no podía creer lo que estaba escuchando, no podía creer que estos servidores públicos ignorasen la realidad que afrontan miles de niñas, niños y jóvenes peruanos. Era indignante, le respondí que sabía que el Ministerio de Educación dice que todos los niños y niñas deben acceder a la educación, pero la realidad de nuestro país es otra, muchos niños y niñas no van al colegio por diversos motivos y uno de ellos es que no tienen partida de nacimiento y por lo tanto tampoco DNI. Ella insiste: «qué raro, qué raro, todos van al colegio». Le dije que era lamentable lo que mencionaba y que la realidad es otra. Y el dato según el INEI (2017) es que el 8% de niños y niñas de Lima Metropolitana no se han matriculado en educación primaria. Ambos funcionarios continuaron con sus reproches sobre ¡cómo puede ser posible que niños de esa edad no vayan al colegio!

En ese momento pasaban tantas ideas por mi cabeza, me imaginaba que probablemente por esta razón la mamá había mostrado tan poco interés en realizar el trámite. Pensaba que no fuimos a la RENIEC para ser juzgados. De pronto el funcionario lanza otra pregunta: « ¿de dónde sale el apellido de los menores?» La mamá responde que es el de su papá y él dice: « ¿y dónde está él?». La mamá responde que se encuentran separados, ante lo que el funcionario alega que en su DNI salen como casados, que debía hacer el trámite para cambiar su estado civil. «Eso toma mucho tiempo», dice ella.

Todo era increíble, ninguna de estas preguntas del representante de la RENIEC tenían que ver con el proceso que nos llevaba a dicha oficina. Tratando de controlarme, le pregunté qué tenemos que hacer para sacar la partida de nacimiento. A lo que respondió que tenía que actualizar el certificado de nacido vivo y la persona que lo firme tiene que poner su huella, además «tienen que buscar algún otro documento como el que los niños hayan ido al hospital, ¿acaso nunca se han enfermado?». La mamá responde que no, pero el representante de la RENIEC insiste: «¡Cómo que no se han enfermado nunca?». Yo le digo que justamente no los aceptan en los hospitales porque no tienen DNI. Estamos aquí para tramitarlo, pero lo previo es la partida de nacimiento.

Me fui con una frustración muy grande. Entiendo que es necesario hacer un proceso de inscripción legal, pero ¿por qué cuestionar las acciones de una madre? ¿Por qué emitir juicios directos o indirectos sobre la vida de una familia a la que ni siquiera conocen? ¿Por qué los niños tienen que ser testigos de todo esto? ¿Tanto desconocimiento existe en los representantes del Estado que creen que todos los niños de Lima estudian? ¿Tan difícil es ser parte de la solución, tan difícil es respetar a los niños y a las mujeres?

Estoy segura que aún hay muchos niños y niñas que no cuentan con partidas de nacimiento ni DNI, tan segura como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones, que justo por eso viene realizando la campaña «¡Inscríbeme ya! Y dame una vida con derechos» para promover la documentación de niñas, niños y adolescentes. Muchas preguntas a la RENIEC, al MIMP, al Estado peruano, así como a los encargados de atención al público. Nos vamos con dolor, rabia y frustración porque la violencia hacia los niños, las niñas y las mujeres más vulnerables se manifiesta a muchos niveles: culturales, institucionales y personales, en todos los rincones del país.

Si yo fuera la mamá de los menores no volvería jamás a las oficinas de RENIEC, porque ella ya lo había intentado una vez en el 2017 y le pusieron trabas, un año después además de las trabas, es cuestionada por lo que hizo, por lo que hace, por su vida de pareja y probablemente sintiendo que no tiene todos los recursos para defenderse. Todo sucede delante de sus hijos y de otras personas. Pero nadie nos para, volveremos todas las veces que sean necesarias, con la mamá de G. y de I. y con otras madres en la misma situación.

Tania Montañez

Proyecto Alto Perú